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Astronautas durante uno de sus paseos espaciales.
NASA/ Dra. Inés Rodríguez Hidalgo (IAC).
El progresivo aumento de la presencia del hombre en el espacio como consecuencia de la escalada de la carrera espacial ha llevado a plantear el problema del efecto del Sol en los seres humanos durante los paseos espaciales o las estancias prolongadas fuera de la Tierra.

En concreto, las partículas y la energía liberadas por el Sol como consecuencia de las protuberancias y explosiones que cruzan el espacio son perjudiciales para los tejidos humanos, principalmente para las retinas de los ojos, pudiendo producir quemaduras. La radiación durante una tormenta solar es mucho más elevada que la existente en la Tierra y éste es un efecto a considerar en un futuro próximo puesto que esta exposición a la radiación puede tener efectos a largo plazo en la salud, como el deterioro de los cromosomas, el debilitamiento del sistema inmunológico e incluso, posiblemente, cáncer.

Por otro lado, el Sol influye también en el sentido de la orientación de algunos animales, como tiburones, palomas y algunos tipos de bacterias, los cuales utilizan los campos magnéticos terrestres como sistema de guía, y estos campos magnéticos se ven alterados como consecuencia de las tormentas solares.

Pero la influencia más evidente del astro rey sobre todos los seres vivos es el ciclo día-noche que impone en todo el planeta como consecuencia de la rotación de la Tierra sobre sí misma, y que constituye lo que se denomina ritmo circadiano, es decir, el ciclo de 24 horas que rige la vida de los seres vivos. Este ciclo día-noche se puede ver alterado con motivo por ejemplo de los eclipses de Sol. En esos casos, se han estudiado comportamientos extraños de los animales y las plantas. En el caso de eclipses prolongados, se produce desconcierto en los pájaros y ciertos cambios en su fisiología, además de comportamientos inusuales como el que los gallos se pongan a cantar saludando al nuevo día por segunda vez o que los lobos aúllen.

Otro tipo de comportamientos infrecuentes observados durante los eclipses son el que los tejones abandonen las madrigueras, los pájaros dejen de cantar, los perros comiencen a ladrar o que las vacas, desorientadas, se echen a dormir.

Sin embargo, aparte de este tipo de comportamientos que pueden resultar excepcionales, la verdadera influencia del Sol sobre los seres vivos es el de la vida misma. Sin la energía que llega de nuestra estrella más próxima, sería imposible la existencia de vida en el planeta.

El Sol es el responsable directo de la función clorofílica de las plantas, de la actividad atmosférica global y de proporcionar las condiciones ideales para que la Tierra rebose de vida en prácticamente cualquier rincón del planeta. Es por ello que la vida del Sol es condición necesaria para la existencia de los seres vivos, y su desaparición conllevará (si para entonces aún existe vida en nuestro planeta) la muerte de todas las formas de vida y la desaparición de la Tierra. El hombre entonces, si aún no se ha extinguido, deberá haber buscado ya otro hogar dentro del Universo.
 
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