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Da para otra película
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Las vicisitudes del rodaje de Los otros, y todo lo que ha rodeado a este proyecto hasta la fecha, dan para otra película. Alejandro Amenábar, el joven talento de 29 años cuya 'opera prima', Tesis, convulsionó en 1996 al cine español, no es ya la misma persona que se puso tras la cámara para dirigir las tomas iniciales de su tercer trabajo hace poco más de un año. Atrás queda la excitación al conocer el interés del matrimonio Cruise-Kidman por trabajar con él, el abultado presupuesto que le ha permitido desarrollar al máximo sus capacidades como cineasta, y, finalmente, el estreno mundial de Los otros en Nueva York y Los Ángeles, rodeado del 'glamour' propio de las grandes producciones estadounidenses.

Pero si Amenábar recordará en el futuro estos días como los de la consagración internacional de su carrera cinematográfica, sus socios en el proyecto, Nicole Kidman, protagonista principal, y su entonces marido Tom Cruise, productor ejecutivo, evocarán Los otros con un sentido mucho más trascendental e íntimo.Una de las que era considerada parejas modelos de Hollywood entró casada en el rodaje y salió de él sorprendentemente rota.

Las incertidumbres y problemillas de sus primeros pasos ya anticiparon que esta producción iba a ser atípica. Aunque, como las buenas películas de intriga, nadie podía entonces vislumbrar el sorprendente desenlace. El rodaje, cuyo inicio estaba previsto para mediados de junio de 2000 en Madrid -donde se rodaron las escenas de interior-, se pospuso un mes, periodo que Kidman necesitaba para descansar tras finalizar su anterior trabajo, el musical Moulin Rouge. El primer gozo, en un pozo. Aunque Amenábar hizo de la necesidad, virtud: "el retraso tiene sus ventajas, es el guión que más he trabajado".

A mediados de julio, por fin, llegó Kidman. No vino sola precisamente. Le acompañaba su equipo personal, más de 20 empleados entre secretarios, publicistas, masajistas, maquilladores, estilistas y cocineros, todos ellos dispuestos a hacer más fácil la vida de la 'jefa' durante su estancia en España. La estrella, su marido y el séquito ocuparían dos viviendas a lo largo del rodaje. La primera, un chalé en una urbanización de lujo en las afueras de Madrid, ciudad en la que se rodarían las escenas de interior. La segunda, una apartada hospedería en el pueblo cántabro de Carrejo, cercano al lugar escogido para las tomas exteriores, el palacio de los Horrillos. El nutrido grupo de acompañantes obligó a la pareja a alquilar todas las habitaciones del albergue, ocho dobles y dos 'suites'.

La primera comparecencia ante la prensa, repleta de cariñosos cruces de miradas entre la actriz australiana y el joven director, fue espectacular. A la americana. Nicole consiguió convertir en 'fans' a los periodistas presentes en la sala. Y en el último momento -a la hora de las fotos-, causando un calculado efecto sorpresa, apareció Tom repartiendo sonrisas y mostrando su irresistible e inmaculada dentadura.

El rodaje en unos estudios madrileños bajo fuertes medidas de seguridad se prolongó a lo largo de agosto y septiembre. Durante aquellos meses Kidman y Cruise convivieron y disfrutaron de los placeres que ofrece la capital, acechados por los carnívoros 'paparazzis'. Incluso se les vio juntos, alegres y relajados, en el palco del Santiago Bernabéu asistiendo a un partido de fútbol.

Con la llegada de las primeras lluvias y brumas del otoño el equipo al completo se trasladó a Santander. Las cosas, parecía, iban sobre ruedas. Amenábar confesaría, ya en la fase de posproducción de la cinta, que "Nicole Kidman jamás llegó tarde al rodaje ni pegó ningún grito". Pero aún quedaba un imprevisto que superar. La australiana, al poco de llegar a Cantabria, se resintió de una antigua lesión de rodilla que obligó a suspender el rodaje un mes. Ya entrado noviembre regresó la actriz y en dos semanas se concluyó. Esta vez, sin embargo, su marido y sus hijos no la acompañaron. ¿Un mal presagio?

El 'trabajo de campo' estaba resuelto. 2001, año del estreno, había llegado y Amenábar y su equipo se encerraron entre cuatro paredes para dar el último empujón a Los otros. Mientras el polifacético cineasta juntaba notas musicales para componer la banda sonora, la campana sonó al otro lado del Atlántico. En febrero un portavoz de la pareja de intérpretes anunció su separación, tras 11 años de matrimonio. Poco importaron al director de Tesis los chascarrillos del "ya lo decía yo", o de si Kidman "había estado liada con Russell Crowe" en tal película. Lo que de verdad le angustiaba era el incierto futuro de su tercer proyecto, compartido con la pareja ahora dividida. Pero ambos, profesionales ante todo, se apresuraron a confirmar que la película no corría peligro, y que seguían apostando por ella. Afirmación que se confirmó meses más tarde, el 7 de agosto, día en que Los otros se estrenó en Los Ángeles con la presencia -juntos pero no revueltos- de 'él' y 'ella' para respaldar el debú de la cinta en EE UU, sólo unas horas antes de que formalizaran por escrito su divorcio.

Luego llegaron las opiniones, en general muy favorables, de la crítica especializada. Respaldadas, además, por el público americano, que se ha gastado hasta la fecha 68 millones de dólares -más del triple del presupuesto total del proyecto- en taquilla.

En los primeros meses del verano de 2001 Kidman y Cruise siguieron dos caminos definitivamente divergentes. La australiana de ojos azules, volcada en la promoción de la película, arropaba con su imponente presencia a Amenábar en comparecencias ante la prensa, presentaciones y demás ágapes. Entre tanto, su ex se dejaba ver en público con Penélope Cruz y confirmaba los rumores sobre su apasionado idilio tras la ruptura. Se cerraba así y por el momento, de forma un tanto atípica y enrevesada, el círculo de la relación entre el cine español y el dúo de megaestrellas que ya no es. Relación que parece va a fructificar, tras avatares e incertidumbres, en uno de los mayores éxitos de la industria cinematográfica patria.

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